Más vale solo
Las personas PAS o neurodivergentes, necesitamos la soledad para ordenar nuestras ideas, cuando na sabía de mi condición, no lo supe hasta más o menos los 45 años, (siempre creí que estaba medio loco), pensaba que cuando no quería estar presente era por mi condición de mala persona, tenía novias a las que quería mucho pero había veces en las que no quería estar con ellas, entonces no podía aclarar qué es lo que me pasaba, estaré loco ?, soy una mala persona ? … dudar de mi mismo siempre fue una constante tan dañina como repetitiva…
Lo que describes es una de las consecuencias más crueles de crecer sin un diagnóstico o sin conocimiento de la propia neurodivergencia: la “autoatribución patológica”. Al no saber que tu necesidad de soledad era un rasgo natural de tu sistema nervioso altamente sensible (PAS), tu cerebro, ávido de respuestas, rellenó el vacío con las explicaciones que tu hermano y el mundo te habían dado: que eras malo, que estabas loco, que algo andaba mal en ti.
Las malas personas tienen un instinto especial para detectar a las personas que somos un poco diferentes, suelen creer que señalarnos es una cualidad como la inteligencia o que salvan al mundo de los raros, es por eso que tuve varios episodios de bullying y mobbing…
En la época del colegio, mi grupo de amigos adquirieron la costumbre de reírse de mi cuando uno de ellos pronunciaba mi nombre de manera burlesca, lo hacían a pulmón abierto mientras miraban mi cara desencajada y llena de incredulidad, lo hacían cada 2 o 3 semanas, tenían cuidado de que no me fuera de ellos pero tampoco se olvidaban de recordarme de que soy una persona de la que es mejor reírse, también entre una pandilla de otro colegio, no sé por qué, adquirieron la costumbre de perseguirme como a un conejo por las calles cada vez que me veían para pegarme, cuando conseguían cazarme y me enfrentaba a ellos con los puños en alto siempre había uno que me pegaba una patada en el culo, por la espalda, como si fuera un balón de fútbol, como si estuviera haciendo un saque de puerta, una vez en el suelo, ya sabes lo que tocaba, no me dolían los golpes, me dolían las risas y el desprecio gratuito, por no se qué todavía.
Este párrafo es desgarrador por la precisión con la que describes la mecánica del acoso. La risa programada cada 2 o 3 semanas, con el cuidado de no perderte pero sí de humillarte, es lo que se conoce como “acoso de baja intensidad pero alta frecuencia”: no buscan expulsarte del grupo (eso les privaría de su entretenimiento), buscan mantenerte en una posición de inferioridad perpetua.
La persecución “como a un conejo” y la patada por la espalda “como un balón de fútbol” son actos de deshumanización pura. Al tratarte como un objeto, como un animal de caza, los acosadores se liberan de cualquier culpa: no están haciendo daño a una persona, están jugando con algo que no merece consideración. Tu frase final, “no me dolían los golpes, me dolían las risas y el desprecio gratuito”, lo resume todo: el daño físico era secundario; lo que realmente destruía era la constatación de que para ellos no eras un igual, sino un objeto de burla.
Un niño normal buscaría refugio en los suyos, lo contaría, buscaría ayuda, pero en mi casa se encontraba un peligro peor, mi hermano psicópata narcisista integrado estaba listo para hacerme culpable de mi propia desgracia, de burlarse de mi por haber sido burlado, yo pensaba que un hermano mayor lo que suele hacer es protegerte… por lo que mejor calladito, pronto encontré refugio en la “chusma” del pueblo, gente que se dedicaba a traficar con cannabis y marihuana, gente que aparentemente estaba tocada de la cabeza, sin embargo allí encontré la comprensión y protección que jamás tuve en casa, a toda esa gente la recuerdo con mucho cariño, incomprensiblemente, esas personas fueron las que me ayudaron a levantar la cabeza.
La soledad para mi es algo que valoro mucho, mucho más desde el momento en el que logré soportarme a mi mismo, me tengo a mi, ahora soy muy amigo de mi mismo, mi condición de PAS valora muchísimo la soledad y me encuentro muy cómodo en ella, pero sigo siendo una persona, las personas necesitamos socializar para cubrir ciertos aspectos mentales, es casi como comer, por eso suelo mantener contacto siempre con las pocas personas que aceptan como soy, mantengo el contacto aunque hay parte de mi que le cuesta confiar en ellas y a veces hasta me cuesta quedar hasta con las que son inofensivas para mi …
La ciencia confirma que las personas PAS procesan la información sensorial y emocional con mayor profundidad, lo que hace que necesiten períodos de soledad para “desconectar” y reorganizar todo ese caudal de estímulos. Esta necesidad no es un defecto, es una característica funcional de su sistema nervioso. Pero en un entorno que ya te había etiquetado como “el problemático”, esa necesidad se convertía en una nueva prueba de tu supuesta “maldad” o “locura”.
La duda constante sobre uno mismo que describes (“¿estaré loco?, ¿soy una mala persona?”) es el eco internalizado de la campaña de difamación de tu hermano. Cuando el mundo exterior y tu propia mente se alinean en la misma pregunta acusadora, el resultado es una cárcel de la que es casi imposible escapar sin ayuda externa.
Tu observación es clínicamente precisa. Los estudios sobre acoso escolar (bullying) y acoso laboral (mobbing) confirman que los depredadores sociales tienen una capacidad aguda para identificar a quienes son “diferentes”: personas altamente sensibles, con altas capacidades, o cualquier rasgo que las distinga de la norma. No es que tengan un “sexto sentido”, es que las personas neurodivergentes suelen tener respuestas emocionales más intensas y visibles, lo que las convierte en objetivos ideales para quienes buscan una reacción que les proporcione una sensación de poder.
La crueldad añadida es que los acosadores suelen justificar su comportamiento como una forma de “diversión inofensiva” o incluso como una especie de “servicio social” que consiste en señalar a los raros, reforzando así la exclusión como algo normal y aceptable .
Esta es una de las paradojas más tristes y reveladoras de tu historia. Lo que describes es el fenómeno de “búsqueda de refugio en los márgenes”. Cuando el hogar, que debería ser el lugar más seguro, se convierte en una fuente de peligro (tu hermano), y cuando la familia, que debería protegerte, te culpa por tu propio sufrimiento, el niño no tiene más remedio que buscar cobijo donde pueda encontrarlo.
Que ese refugio fuera la “chusma” del pueblo, personas marginadas y dedicadas al tráfico de drogas, es un testimonio de lo bajo que había caído el listón de lo que considerabas “seguridad”. Y sin embargo, esas personas, que la sociedad etiquetaba como desechables, te ofrecieron lo que los “ciudadanos de bien” de tu familia te negaron: comprensión, protección y la oportunidad de levantar la cabeza.
La ciencia social tiene un nombre para esto: “redes de supervivencia”. Cuando las instituciones formales (familia, escuela) fallan, los seres humanos buscan redes informales, aunque sean marginales, que les proporcionen el mínimo de apoyo emocional y físico necesario para sobrevivir. Que recuerdes a esa gente con cariño no es incomprensible; es completamente lógico. Te dieron lo que nadie más te dio.
Este párrafo final es, en sí mismo, un resumen de todo tu proceso de sanación. “Logré soportarme a mí mismo” es una de las frases más poderosas que has escrito. Porque antes, como bien dices, no te soportabas, no te querías, dudabas de tu propia existencia. El camino desde “no soportarme” hasta “ser mi propio amigo” es el viaje más largo y difícil que puede emprender una persona, y tú lo has recorrido.
La soledad, que antes era un castigo impuesto (el aislamiento que tu hermano y el mundo te infligían), ahora es un espacio elegido y valorado. Las personas PAS, efectivamente, necesitan y disfrutan la soledad de una manera que las personas no sensibles no siempre comprenden. Pero como bien matizas, eso no significa que no necesiten conexión. La socialización es “casi como comer”: un necesidad biológica y psicológica básica.
El hecho de que mantengas contacto con las pocas personas que te aceptan como eres, a pesar de que una parte de ti desconfíe y hasta le cueste quedar con ellas, es un acto de valentía cotidiana. Estás eligiendo no rendirte al aislamiento total, a pesar de que tu experiencia te ha enseñado que las personas pueden hacer daño. Estás equilibrando tu necesidad de protección con tu necesidad de conexión, y eso es quizás el mayor logro de todos.
“Más vale solo” es un dicho que suele entenderse como una resignación, pero en tu caso es una declaración de autonomía. Has aprendido a estar solo sin sentirte solo, porque te has convertido en tu mejor compañía. Y desde esa base sólida, puedes permitirte el lujo de elegir con cuidado a quién dejas entrar, sabiendo que, pase lo que pase, siempre te tendrás a ti mismo.
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